viernes, 2 de noviembre de 2012

EL METRÓNOMO de FLANDES

Jamas un vencedor habrá sido tan denigrado como Maurice Dewaele tras su éxito en el Tour de Francia de 1929. Consideren lo que Henri Desgranges, director de la carrera y del periódico L'Auto, declaró después de la llegada: "Se ha hecho ganar a un cadáver.

¿Cómo un maillot amarillo tan fácil de destronar pudo conservar la primera posición?. ¿Por qué sus adversarios se mostraron tan poco eficaces?. ¿Qué pensar de su táctica y del valor real del vencedor?.

Y eso porque en la época el reglamento prohibía la táctica de equipos. Prohibición que fue ignorada por el equipo Alcyon, que se reía de dicha normativa, y por que Ludovico Feuillet, su mentor, había ordenado a sus protegidos que hiciesen la carrera en función del mejor clasificado de entre ellos a partir de los Pirineos. Y ese hombre fue Dewaele...

Feuillet, hizo que todos los independientes que corrían con Alcyon se pusieran de su parte, y también algunos otros corredores que esperaban formar parte de la escuadra más potente del decenio, o sacar algún beneficio de la partida... Sabido es que los blanquiazules pagaban bien, y en metálico, los servicios prestados.

Algunos años más tarde, Marcel Bidot, uno de aquellos Alcyon, ahora director técnico del Equipo de Francia, rehabilitó algo a Dewaele declarando a Jacques Augendre: "Todavía quedan ocho etapas, con el incentivo de los Alpes, y Dewaele podía contar con la ayuda de Leducq, Frantz Rebry y yo mismo. Nosotros le ayudariamos a mantener el maillot amarillo. Durante ese tiempo se puso enfermo; en Grenoble pasó la noche en blanco y, una hora antes de la salida, fue víctima de un síncope... Tuvimos que montarlo en su bicicleta y ponerlo en carrera... Neutralizamos la prueba durante las tres primeras horas en las que recorrimos 50 kilómetros... Calculen la media... Este "paseo" permitió a Dewaele recuperarse milagrosamente en la subida del Galibier...

En fin, que su coraje es de los que se merecen que te quites el sombrero.

Quitarse el sombrero, sí. Y además varias veces, puesto que este moribundo "tan fácil de eliminar", se dio el gustazo de- a pesar de su evidente debilidad- ganar una etapa a dos días del final en París.

Arquetipo del corredor especialista en pruebas por etapas, Maurice Dewaele tenía una regularidad ejemplar en todos los terrenos lo que le valió el apodo del "Metrónomo". Igualmente causaban admiración su testarudez y coraje, de las que dan buena cuenta sus empeños por conseguir una victoria de etapa que aureolase su victoria en la ronda gala.

Lo menos que podemos esperar es que las palabras del director del Tour fuesen escritas bajo el influjo de un acaloramiento momentáneo.

Maurice Dewaele murió el 14 de febrero de 1952 sin recibir la gloria y el reconocimiento que merecía su triunfo en el Tour.

¡Al final triunfó la injusticia!.

02/11/2012