20 de mayo de 2012

LOS 10.000 DEL SOPLAO CONOCEN EL INFIERNO

El infierno existe y quien sale de él lo hace con el cuerpo machacado, el rostro desencajado y tiznado con ese color verduzco que produce el barro seco.Los dientes le rechinan, las tripas se le revuelven y el cansancio logra cotas imposibles de superar. El frío y la lluvia castigaron ayer de lo lindo a los participantes en ‘Los 10.000 el Soplao’, hasta el punto de que hubo momentos en los que se pensó que la prueba iba a suspenderse. Hubo recortes de hasta 40 kilómetros en la combinada y en la marcha de mountain bike para algunos corredores y también muchos retirados, a petición propia, por los estragos de la climatología. Las hipotermias hicieron una auténtica escabechina. Ayer en Cabezón de la Sal comenzó a llover de madrugada y no paró en todo el día. En los puertos más altos, había un grado de temperatura y una sensación térmica de -3.
Los que llegaron al cielo de la meta, donde les esperaba ropa de repuesto, la bebida energética para recuperar minerales y vitaminas y la energía de una plato de espaguetis, casi ni miraron su puesto en la clasificación. Sabían que salir del averno era toda una hazaña. Y es que ayer, ‘Los 10.000 del Soplao’ volvieron a ser un infierno para los 6.884 participantes de una prueba que, a pesar de enseñar el castigo al que somete Lucifer a sus ‘huéspedes’, cada vez tiene muchos más adeptos. Una legión a la que sólo les une el deseo de la superación, el reto y el contacto, curiosamente, con la naturaleza.
Una de las claves de ‘Los 10.000 el Soplao’ son los caprichos de la climatología, esa que en Cantabria es un misterio y casi siempre para mal. El año que no llueve y hace frío, los termómetros son capaces de superar los 40 grados.Es el ‘Infierno del Norte’, ese que tanto seduce a los deportistas más duros. Una prueba que comenzó hace seis años siendo una modesta carrera de mountain bike y que ahora reúne a cerca de 7.000 participantes en seis modalidades distintas.

La dureza de la prueba hace que en ‘Los 10.00 del Soplao’ no haya ni vencedores ni vencidos.No hay podio donde subir a los que llegan primero, a pesar de las clasificaciones oficiales. Se comienza a las ocho de la mañana, pero a los participantes se les espera hasta las 24.00 horas. De ahí, la dificultad, todos los años, de saber cuántos han abandonado la prueba. Y ayer, gracias al frío y la lluvia, fueron muchos.
El primer hombre en salir del ‘infierno’ del Soplao fue el maratoniano Manuel Merillas Moledo, un joven de León acostumbrado a ganar y repetir victorias, siempre en pruebas exclusivas para gente de acero. No llegó a la gloria de la meta demasiado machacado, le tocó ‘chupar’ menos agua que al resto y además le tocaron las mejores horas de la jornada.

Ganó en 2011 el ultramaratón y en 2013 ya sueña con la combinada. Merillas, del ‘Tierra Trágame’ ha logrado este año ser el primero en La Tabeida Berziana, es campeón de España senior, segundo en Euskadi, plata en los 1001 Peregrinos y campeón de Aragón en cronoescalada y travesía y Campeón de Euskadi. va a más y el año que viene quiere ganar una prueba nueva en El Soplao.
Se quejó, como todos, del frío y la lluvia, pero sólo un dolor de estómago le estorbó en una parte del recorrido. Los hombres de acero son así.
Fue una alegría para los aficionados la llegada del segundo y el tercer clasificados a meta. Los dos son cántabros. Ramón González Gutiérrez es del Grupo de Montaña Orza y Manuel Díez Rábago ‘Morus’ del Pico Tresmares. Éste último debutaba en la prueba y repetirá seguramente el año que viene.
Les tocó el turno a continuación a los participantes en el ultramaratón. Ya, por entonces, antes de las dos de la tarde, corrían por la línea de meta noticias sobre la retirada de muchos de los participantes de la combinada y la marcha de BTT. Se hablaba también de algunas caídas, sin mucha importancia, y parece que se descartaban una rotura de clavícula y otra de tobillo.

Chuchi Maestegui, organizador de ‘Los 10.000 del Soplao’, tuvo momentos de mucha tensión. Demasiados meses preparando la prueba para que la maldita lluvia se la llevara por delante como si de una riada se tratara. Para entonces, ya había habilitado junto a sus 300 voluntarios dos pabellones polideportivos, el campo de fútbol, el Santiago Galas y una carpa en el parque Conde de San Diego para alojar a los retirados y que allí sus familiares les recogiesen. También en el campo de fútbol y los polideportivos se dejó ducharse a los participantes.
Fue entonces cuando, de la mano, entraron en meta Pablo Criado Toca y Alberto Peláez Serrano. Habían corrido juntos 14 horas seguidas, desde las once de la noche del día anterior. Llegaron felices. Pablo ya conocía de sobra la prueba. El pasado año fue segundo, pero Alberto se estrenaba. ¿Cómo les dio por correr desde la noche? «La ultramaratón es para gente que no es tan rápida como la de la maratón. Es la única forma de hacerlo en un día. No disfrutas del paisaje de día, pero los amaneceres son espectaculares», señala Alberto. El tercero en llegar fue Manuel Pérez Nestar, a más de un minuto.
Corriendo, a pesar de la que suya era la prueba de marcha a pie, entraba en línea de meta Juan Carlos Poo Castillo, todo un personaje vecino de Torrelavega, un fontanero de afición tardía al deporte y que ahora es fijo de las pruebas de duatlón y triatlón. Ni siquiera se dio cuenta que había sido el primero. El locutor le informó cuando cruzó la línea de meta. Hasta entonces había participado con su bicicleta de montaña.
Detrás de él entraba la primera chica en subir a ese inexistente podio. Marta Cuevas Alonso lo hacía poco después de un minuto, ante el gran aplauso del público presente que ya aprovechaba para tomar el aperitivo en los bares de la calle principal de Cabezón, donde se ofertaba hasta un menú especial de ‘Los 10.000 del Soplao’.

Les tocó bailar con la más fea y sufrir la mayoría de las hipotermias de la jornada. Les habían avisado a muchos antes de tomar la salida del frío que hacía en los puertos. En la zona de Ruente fue donde peor lo pasaron. Pero muchos de ellos se empeñaron en salir con el maillot de manga corta encima de la bicicleta. Eran los de la marcha BTT y la combinada. Su llegada a la meta fue dramática por su aspecto. Muertos de fríos, calados hasta los huesos y exhaustos por el esfuerzo. A algunos, como a Remigio Sobremazas o el exfutbolista Alkorta, les había cortado cuando sólo habían disputado 100 kilómetros de los 165 previstos. Los más fuertes, los que fueron por delante y los últimos, cuando el tiempo parecía que daba cuartelillo, hicieron el recorrido completo. Algunos, incluso, sin hacer caso a las recomendaciones de los organizadores. Un guipuzcoano, Joseba Albizu, ganó la carrera de mountain bike, roto por el esfuerzo. La combinada fue para otro vecino de Euskadi que también vio cómo se recortaba parte de la carrera prevista, si bien en esta modalidad fue para todos.

El ‘Infierno del Norte’ es el reclamo de ‘Los 10.000 del Soplao’ y el infierno, cada año, se instala entre Cabezón de la Sal, Ruente y esa pendiente en La Cocina.

Por Diego Ruíz 20/05/2012

 
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